Una China en el zapato

Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

RPNews // 22 julio 2018

Dicen que el malo de Truman planteó destruir completamente China con bombas atómicas, pues la consideraba un peligro futuro latente; maldad malísima a la que Malenkov se opuso con toda firmeza. No era sólo la influencia que pudiera ejercer. Es que una masacre de tales dimensiones, no puede estar más que en la mente pro-nazi de quienes aún después de perdida la guerra, fueran capaces de pensar en limpieza étnica y superioridad universal. O, en este caso, más bien exclusividad mundial.

Aquello, seguro, fue sólo un bulo. Pero también seguro, a más de uno por ahí le alegraría si hubiera sido cierto. Y si se hubiera consumado, más aún. Con todo, lo peor es que ese deseo venga después de haber utilizado al gigante amarillo a su voluntad, a su beneficio económico. Y después de que el gigante se haya puesto de pie y los haya obligado a reconocerlos e incluirlos en el selecto “club de los cuatro” que no es selecto y ahora son cinco.

El nada selecto “Gobierno Mundial”, que desde finales del XIX viene dirigiendo la política económica -es decir, la política-, y programando guerras y altibajos disfrazados para la mayoría llamándolos ”crisis”, cada vez controla más. Va cumpliendo su objetivo. Según avanza el calendario, mejoran sus resortes, su alcance, su poder, en busca del “Mundo Feliz” que preconizaron y sugirieron, no como aviso, sino como proyecto. El mundo se dirige a su necesidad -es decir, a su antojo- haciendo creer a la gente lo que a ellos les conviene. “Lo que es bueno para los bancos es bueno para el pueblo de los Estados Unidos”, dice el banquero en la magistral obra de John Ford “La Diligencia”. Y para cualquier pueblo, podría haber añadido. Está claro que nuestros ínclitos gobernantes no inventaron nada. Zapatero y Rajoy sólo estaban aplicando un “principio universal”, cuando llenaron a los bancos de euros sacados de nuestros bolsillos.

Hacer a la gente obediente es obsesión monotemática de casi todos los gobiernos. Aceptar normas absurdas; recibir intoxicación informativa por medios controlados, con premisas de falsa libertad; llenar las mentes de basura amarillista y chismorreo de corral con varias cámaras en un hermoso plató, es mecanismo perfecto para llegar a conducir a la humanidad como un rebaño. Tener súbditos sumisos, firmes creyentes de todas sus palabras y cumplidores de todas sus órdenes, por absurdas y negativas que sean, será el triunfo de los gobiernos, debido a sus jefes, quienes, como acreedores, como inductores y “propietarios de la marca” serán quienes puedan disfrutarlo. Si es que lo disfrutan. Porque, a la vista de su nula preocupación por las consecuencias físicas, económicas y ambientales, dejan bien claro que sus descendientes les importan aún menos que el resto de los mortales.

Una de las mejores armas para dominar a la gente es el hambre. Llenar el estómago, como primera necesidad vital, queda por encima de cualquier otra reivindicación; de cualquier otra cuestión. De ahí que, una vez generalizada en dos continentes por la pobreza provocada al quedarse sus riquezas naturales, y en el tercero por forzarles a soportar salarios que no alcanzan para comer, “vamos a por el cuarto”. China fue el elemento ideal para bajar costos en la fabricación de productos de consumo y crear paro en Europa y América del Norte, por este orden. Se le dieron medios, maquinaria y enseñanza para manejarla y las fábricas se “deslocalizaron”, aumentando el beneficio de las corporaciones, que dejaban de ser fabricantes. Seguían su camino. Estaban “en la senda” que habían marcado con tiempo; con mucho tiempo, pues también es suyo. Nunca se preguntaron quien podrá comprar sus productos, si no hay capacidad por los niveles de paro inducidos. Sigue sin preocuparles.

Tampoco se habían dado cuenta ¿Como es posible? que los chinos estaban atrasados, pero nunca fueron tontos. Inglaterra les ganó la “guerra del opio”, necesitada como estaba de atontarlos para venderles mejor. La ganaron con el armamento que China no podía ni pensar. Hoy nadie se atrevería con ella. Ni Inglaterra, por muy poderoso que sean el M16 y todos sus “Bond” repartidos por el mundo. China no ha amenazado a nadie directamente. Se sienten amenazados quienes les llevaron las técnicas de producción y de venta. Era lo que necesitaba para levantarse. Inteligentemente aprovechó los medios puestos a su alcance y, una vez en su poder y cumplidos los contratos con las multinacionales europeas y norteamericanas, podían fabricar solos.  Dejaban de necesitar la intermediación occidental, se bastaban para inundarlos a todos de productos a mejor precio.

La “necesidad” española de mantener a Andalucía hundida, permanentemente deprimida, no es contagiosa. Es coincidente. Andalucía liberada económicamente sería un “peligro” para los planes de la oligarquía euro-americana, porque no responde a su programación posesiva y adocenadora. De ahí que cualquier empresa capaz de destacar, deba ser controlada o hundida De ahí que España impide la instalación de grandes empresas y Europa nos quite el azúcar, el textil y los cultivos. Por eso subvenciona el número de árboles en propiedad en vez del cuidado y la producción. Pero Andalucía no es China. La extensión y población de China y su poder militar impide quitarles la industria que “con tanta inocencia” se le entregó.

A los programadores de crisis les salió mal la jugada. China no los necesita. Asia Este cuenta sola con mayor población que el resto del mundo. Y también está India, y Malasia. Indochina. Estados Unidos sostiene a Corea del Sur para mantener el enfrentamiento con el norte. La reacción desde la Gran Muralla hasta el Índico, no se la esperaban. Doscientos años de programación para esto. Chapuceros. En Asia puede estar la salvación. No todos son Mr. Yunus y hacen falta muchos Mr. Yunus. Pero fuera de eso sólo quedan dos caminos: O en adelante es China quien marca la política mundial, como hasta ahora la viene marcando “Occidente”, o la dejan fuera de su programación criminal, a ella y sus satélites ó vecinos. Y eso puede ser un “mal” precedente.

Lo dicho. Ellos solitos se han metido “una China en el zapato”.

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