El fascismo intenta recuperar España, fallecida en 1898

"Cada golpe de Estado ha sdo un paso atrás en libertad, en progreso, en economía".

RPNews // 29 julio 2018.- Una pizca de sal * Rafael Sanmartín

 España feneció en 1898, bajo el cañoneo de los barcos estadounidenses. Cuba y Puerto Rico fueron el pretexto. Afirmar la caída de un imperio, porque en el mundo solamente podía haber uno, uno para dominarlo todo, era el verdadero motivo. Aproximadamente un siglo de vida, intentado prolongar por la añoranza y sucesivos gobiernos, sin éxito, porque vivir no es vegetar. Y España es como un vegetal sin vegetales. Cada vez menos naturaleza, incluso agricultura, en un Estado controlado y dominado por fuerzas económicas externas e internas. (Los bancos españoles no necesitaban ganar tamaño “para competir”, sino para entrar en el club (nada)selecto de los amos del mundo, aunque sólo han conseguido ser más amos de España, en la medida en que los otros se lo permiten).

Un siglo de vida. Corta vida para quien da más coletazos que una ballena. El españolismo cree, se fuerza en creer, que “patriotismo” es defender la presión del centro sobre la periferia y colgar banderitas. Es lo que les han permitido aprender en la escuela. También podrían haberles enseñado que “patria” es luchar por su prosperidad. Pero entonces esto sería otra cosa. No hay estados dónde sus habitantes coincidan tanto en sentirse hijos de ese Estado, como las verdaderas federaciones. Suiza y Estados Unidos, por ejemplo. Aunque hasta la ley de un ente (Estado, Lander, cantón o como se titulen en cada caso), aquellos que no han sido “unidos” por la fuerza, falsamente federalizados, son los más sinceramente unidos. Será que unidad no es igual a unitarismo. Que esto último es, en realidad, egocentrismo centralista. La unidad es un estado. Si, mental, anímico. Voluntario. Por lo tanto, firme. Porque no es una imposición, por eso mucho más firme.

De un Estado (Lander, Comunidad, Región, Departamento, Cantón) a otro, puede darse toda la autonomía real, toda la diferencia que esos mismos entes hayan decidido darse. Porque las federaciones y confederaciones, forzosamente formadas desde abajo, por mutuo acuerdo de los entes federados o confederados, jamás desde arriba, jamás impuestas, menos desde acuerdos entre partidos, pues en este último caso no existe la Federación. Sería una falsa federación. Los estados pueden mantener grandes diferencias entre ellos; incluso de leyes. Pero siempre hay, en todos, una convicción incuestionable: sentirse hijos. Hermanos. Sentirse -por ejemplo- norteamericanos. Patriotismo sin imposición, con absoluto respeto a todos los entes que comparten el mismo sentido de la palabra, y sin “banderitas de enganche”. Sin folklorismo de tres al cuarto. Mucho más sólido que el impuesto, que es vacío y falso. Porque, en un Estado de verdad, unas partes no odian a las otras, no insultan continuamente a las otras, como en España el centro odia, porque desprecia e insulta a la periferia.

Debe ser consecuencia de su propia inexistencia, como consecuencia es su ausencia absoluta de programa, de planificación, de estilo. Nunca sabe a dónde va, a dónde quiere ir. Se improvisa en un ambiente de permanente interinidad, sin proyecto por norma, o sea, por falta de norma. No es algo de ahora, no es culpa de los cambios de gobierno impuestos por elecciones. En un Estado organizado, con un objetivo, los cambios de gobierno implicarían cambios de forma, no de rumbo. España lleva sin conocer su rumbo desde mucho antes que se consolidara formalmente, tras la guerra de la independencia. ¿Serán las asonadas? Las revoluciones se dan contra las tiranías, contra la opresión, y esa geografía política es bien conocida en esta geografía física. Contra el pronunciamiento por la libertad, por la democracia, por la descentralización, contra el hambre, mientras en réplica, el ejército se ha pronunciado repetidas veces por la dictadura, por la oligarquía, por el centralismo. El ejército tiene armas, fuerza. Pero eso en ningún caso significa ni capacidad de buen gobierno, ni de gestión, ni eficacia. Por eso cada golpe de Estado ha sido un paso atrás en libertad, en progreso, en cultura y economía

Hoy, envalentonada al comprobar que las estructuras franquistas siguen intactas, la ultraderecha aprieta. Pero en su insignificancia numérica, sólo se han impuesto cuando la fuerza de las armas lo ha decidido. Pero ahora “somos Europa”. Somos europeos. Un golpe de Estado hoy es impensable, porque ahora el ejército es profesional, consciente de que su misión es defender la patria, no romperla. Además, Europa no lo permitiría, porque somos europeos y Europa es democracia… ¿verdad?

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*