El calabobos de las acciones fascistas en Cataluña

RPNews // 25 julio 2018.- Joan Gavaldá

A pocos días de entrar en agosto, mes por excelencia de vacaciones, querría haber hablado sobre el turismo en zonas de conflicto como Israel. Precisamente este año que han celebrado el 70 aniversario de la creación del estado hebreo. Pero las acciones fascistas que van sucediendo en Cataluña como si fueran gotas malayas, me han empujado a relatar aquello que quizás cuesta más ver en Tv, escuchar en las radios o leer en los periódicos españoles.

Los grupos fascistas de raíz españolista, la derecha más reaccionaria, la que añora el franquismo siempre ha existido en Catalunya. Siempre ahí, a la espera de poder actuar. Cada 12 de octubre en la montaña de Montjuïc (Barcelona) visibilizan su aquelarre particularmente casposo con un enaltecimiento del franquismo. Son los autores de gritos tan pacíficos como “Artur Mas a la cámara de gas”. Los vínculos de estos grupos con los neonazis tenían su punto de encuentro en la Librería Europa. En Barcelona, si estabas interesado en adquirir un buen ejemplar del ‘Mein Kampf’, debías visitarla.

Hay algunos periodistas que llevan años alertando que la bestia se está fortaleciendo, pero ni la policía ni la justicia actúan con la misma contundencia como contra los grupos de la izquierda alternativa y anticapitalista. La vara de medir no es igual para acciones similares.

Desde 2014 se han ido despertando, no solo los grupos que actuaban por Barcelona sino también por las comarcas centrales de Cataluña. El zenit se ha alcanzado este último año coincidiendo con el acelerador que apretó el gobierno de Puigdemont para convocar el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre y la declaración de independencia suspendida.

Escuchando a los partidos autoproclamados constitucionalistas, en referencia a su defensa casi teológica de la constitución cuando en realidad defienden su estatus quo, estos grupos de extrema derecha, fascista y españolista han visto que tenían una cobertura “democrática”. Rápidamente asumieron su rol de bajar al fango y ensuciarse las manos, para intimidar a la población gracias a su violencia tanto verbal como física. Pero su primer orgasmo fue ver a Policías Nacionales y Guardias Civiles cantando y jaleando “A por ellos, oe, oe!” y su posterior clímax fue escuchar el discurso real, el 3 de octubre, donde Felipe VI daba el pistoletazo de salida para la caza del soberanista catalán en pro de la defensa de la unidad de la sacrosanta nación española.

El gran problema es que los miembros que pertenecen a estos grupos son relativamente pocos. Los comandos los forman 4, 10 personas a muy estirar. Pero estos fascistas han encontrado grandes partidos políticos que los pueden llegar a representar. Primero fue el experimento de corte racista de Plataforma por Catalunya (PxC), después se creó Ciutadans – Partido para la ciudadanía (C’s) claramente anticatalanista y por último Garcia Albiol de la mano del PP, con su ensayo populista en las elecciones municipales de Badalona. Los años han pasado, PxC casi ha desaparecido, el PP es el último partido en el Parlament de Catalunya, con 4 diputados, sin grupo parlamentario y en número de votos por detrás de la CUP y C´s ha crecido exponencialmente gracias a su discurso pseudofalangista.

Desde su creación, el Partido Popular en España consiguió que no existiera ningún partido a su derecha, lo que significaba que ese electorado estaba incorporado en sus siglas. Pero con la irrupción de C´s, con un postureo de partido de centro ha acabado recogiendo esos votos de la derecha de la derecha del Partido Popular, gracias a su discurso de la Unidad de España, a los exabruptos contra los separatistas catalanes, etc. Albert Rivera se presenta como un nuevo Jose Antonio que solo ve españoles, nada de derechas, nada de izquierdas, nada de políticas sociales, nada de nada, solo españoles y España.

Pues bien, ante este panorama, la lluvia fina, el calabobos de las acciones fascistas en Cataluña ya no está en manos de Democracia Nacional, Movimiento Cívico d’Espanya i Catalans, Somatemps, Convivencia Cívica Catalana, Regeneración Democrática, Abril.org, etc. sino de simpatizantes e incluso militantes de C´s y alguno del PP que han interiorizado que deben ser los salvapatrias y nombrados españoles del año. El 27 de septiembre de 2017 una turba de gente ataviada con banderas españolas constitucionales y franquistas intentó asaltar los estudios de la avenida de la Diagonal de Catalunya Radio, ocasionando destrozos en los cristales de la emisora, ningún detenido.

La iniciativa del ciudadano fascistoide siempre ha ido a remolque de las actividades de los grupos independentistas. Unos tienen una iniciativa para denunciar la existencia de presos políticos en la España del siglo XXI, pues los otros van corriendo a desmontarlo. Unos cuelgan unas pancartas, los otros las descuelgan. Unos ponen lazos amarillos de plástico por la ciudad, los otros en plena calle sacan sus navajas, cúter o cuchillo y los cortan. Unos plantan unas cruces en la playa denunciando la muerte de la democracia, de la libertad, de los derechos civiles, los otros van y los arrancan a patadas. El último caso, en pleno nivel 4 de alerta terrorista, y pareciendo emular los atentados del año pasado en la Rambla de Barcelona y Cambrils, un conductor con su vehículo entró a gran velocidad en la Plaza de Vic, que es peatonal, para arrasar con el coche la acción reivindicativa de la plantada de cruces amarillas en el centro de la plaza. Estas contra acciones no las hacen los grupos organizados de ultraderecha, sino ciudadanos de a pie que se sienten arropados por un estado, unos partidos políticos, una justicia y un rey que les dicen por “pasiva” que lo pueden hacer porque no les pasará nada. No como a una activista que en la pasada Semana Santa participó en el levantamiento de barreras de autopistas como protesta, que en el registro de su casa por la Guardia Civil encontraron un silbato y unas caretas de Puigdemont y está acusada de terrorismo. En su caso, las cautelares son limitar sus movimientos, solo puede ir de su casa al trabajo o al médico, pero sin posibilidad de visitar a su madre enferma que reside en un municipio vecino.

Lo que pretendo hacer ver es que gente que no se definiría nunca como fascista o franquista actúa como tal porque la sociedad española no hizo un punto y aparte en 1978. No “reseteó” el sistema, sino que optó por una transición “institucional” sin apartar ni los elementos ni la cultura fascista que dominó durante 40 años la judicatura, los cuerpos policiales y quedó como poso en la memoria colectiva de la ciudadanía.

Último ejemplo, el fotoperiodista Jordi Borràs experto en los grupos de ultraderecha, que ha editado diversos libros como: Warcelona: Una història de violència (2013), Desmuntant Societat Civil Catalana (2015), Plus Ultra: Una crònica gràfica de l’espanyolisme a Catalunya (2015) o La cara B del procés (2016) fue agredido por un hombre al grito de “Viva España!” y “Viva Franco!” a la salida de un acto de la presentación de la nueva plataforma cívico política del Carles Puigdemont. Todo encajaría en el ciudadano “normal” descrito si no fuese porque el agresor era un Policía Nacional de la Unidad de Información de la Comisaría de la Verneda (Barcelona).

Cuando un estado se deja en manos de los grupos de extrema derecha, de los vecinos fascistas, de policías  neofranquistas, de jueces que hacen política represora, etc. es un estado que va a la deriva y camino de su descomposición. Y para acabar con un poco de humor y demostrar que lo que ha de venir aun puede ser peor, os dejo con este anónimo que ayer leí: “Españoles, Franco ha vuelto. ¡Y ha vuelto casado!”.

Joan B. Gavaldà – Politólogo

@joangavalda

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