ONU advierte del riesgo terrorista por un mayor tráfico de drogas en África

La producción global de cocaína alcanzó las 1.410 toneladas en 2016, y dos quintas partes de esa cantidad pasan directa o indirectamente por África

Sobre la heroína, De Andrés advierte que hay zonas como Lamu (Kenia) o Zanzíbar (Tanzania) donde uno de cada dos jóvenes de entre 13 y 22 años la consume o la ha consumido,

Víctor Escribano // Nairobi, 7 jul (EFE).- La amenaza de grupos terroristas que operan en África puede crecer si toman el control de las rutas de la droga que cruzan el continente, advierte en una entrevista con Efe el representante para África oriental de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (ONUDD), el español Amado Philip de Andrés.

De Andrés recibió a Efe en su oficina de la sede de la ONU en Nairobi tras la publicación del Informe Mundial sobre Drogas 2018, que alerta de que la producción y el mercado mundial de opio y cocaína se encuentran en máximos históricos, algo que se une al aumento de los fallecimientos por consumo de drogas.

Algunas de las principales rutas de las dos citadas sustancias pasan por el continente africano. Por ejemplo, una de las vías que están retomando los narcotraficantes para llevar cocaína desde Sudamérica a Europa es entrar por África occidental y pasar el Sahel, ayudados por tuaregs y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

“Se trata de delincuencia organizada trasnacional. Parte de la financiación de Al Qaeda venía hasta ahora, aparte del contrabando de tabaco, los secuestros y el tráfico de petróleo, del tráfico de hachís a través de África del Norte; pero la cocaína está más cerca de financiar el terrorismo internacional de Al Qaeda y del Estado Islámico (EI)”, afirma De Andrés.

La producción global de cocaína alcanzó las 1.410 toneladas en 2016, y dos quintas partes de esa cantidad pasan directa o indirectamente por África: “El problema es que tiene una pureza del 100 %. Un kilo de esta cocaína cuesta entre 27.000 y 34.000 euros, y un ataque terrorista cuesta entre 27.000 y 30.000 euros. El ataque del 11-M en Madrid (de 2004) costó 23.000 euros”, ejemplifica.

Asimismo, el aumento del cultivo de opio y el subsiguiente crecimiento de la producción de heroína (dos tercios de las 10.500 toneladas de opio producidas a nivel global acaban siendo heroína pura) supone un problema para África, especialmente para países con costa en el Índico como Kenia, Tanzania, Mozambique o Sudáfrica.

La principal entrada de esa droga en el continente se produce a través de la conocida como “ruta sur”, que empieza en Afganistán, país que produce el 86 % de la heroína que llega a África.

“Ahora, un quinta parte de la financiación de (el grupo yihadista somalí) Al Shabab viene del tráfico de carbón de los bosques de Uganda, República Democrática del Congo o Kenia. Lo interceptan y cobran un peaje del 27 %. Imagina qué podría pasar si interceptan una ruta de heroína. Podría suponer dos quintas partes de su financiación total”, advierte De Andrés.

El objetivo de los narcotraficantes no es sólo formar una plataforma de lanzamiento en la región o crear una base de consumo, algo que ya sucede, sino también intentar influir en estas naciones.

“Su objetivo es controlar entre el 12 y el 15 % del PIB de todos los países de África oriental. Puede ser un problema muy serio en cinco años”, apunta el representante regional de la ONUDD.

El incremento del consumo en países africanos puede afectar a las estructuras del Estado, pues los narcos “buscan corroerlas, generar inseguridad y desestabilizar para tratar de controlar territorio”.

Preguntado acerca de si se pueden cerrar esas rutas, De Andrés asegura que se podrían empezar a ver resultados en 18 meses en la “ruta sur” si se incrementa la cooperación internacional y se ataca la oferta en los países productores como se hizo en Colombia, mediante la promoción institucional de cultivos alternativos.

Otra idea es la creación de una red de fiscales especializados en delitos de tráfico de drogas y delincuencia organizada internacional en todo el continente de aquí a cinco años, similar a la que se está vertebrando en África occidental.

Sobre las redes que viven del tráfico de droga en el continente, De Andrés apuesta por tres pilares de desarrollo: educación universal y gratuita, seguridad social universal y promoción de actividades económicas del sector primario o de servicios y telecomunicaciones.

“Kenia y Senegal están trabajando bien en estos tres ejes”, indica.

Los principales mercados de la droga en África son dos: los de los clubes nocturnos de clase alta, donde priman la heroína, la cocaína y las anfetaminas; y los callejeros, donde se consumen diluyentes o pegamentos.

Sobre la heroína, De Andrés advierte que hay zonas como Lamu (Kenia) o Zanzíbar (Tanzania) donde uno de cada dos jóvenes de entre 13 y 22 años la consume o la ha consumido: “Es una situación de epidemia”.

“En aproximadamente tres años -vaticina-, podremos ver una saturación de las cárceles en la región por delitos de drogas. La solución radicará en las medidas alternativas a la privación de libertad para descongestionar el sistema penal”. EFE

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